Empecemos… haremos un esfuerzo de comprensión, porque esta entrada va a elevar el listón del blog a un nivel mucho más alto, si la entrada del reloj del apocalipsis te pareció difícil de entender mejor búscate un sitio cómodo para leer esto...
Para comprender el misterio del gato de Schrödinger, o como mejor se le conoce “La paradoja del gato de Schrödinger” planteada el 1937 por Erwin Schrödinger, necesitamos entender así de manera rápida (es decir poco profunda y no muy profesional) la mecáica cuántica.
La mecánica cuántica (o mecánica ondulatoria) es una de las principales ramas de la física que intenta explicar el comportamiento de la materia. Su campo de aplicación es, básicamente, el mundo de lo más pequeño, y rompe radicalmente todas las reglas de la llamada física clásica, por lo que suele desafiar el sentido común. Una de golpes más duros que proporciona la mecánica cuántica a nuestra concepción “clásica” del mundo se debe a la dualidad onda-partícula. La dualidad quántica, expresada de manera sencilla, reside en el hecho de que unos científicos notaron hará unos 100 años, que bajo ciertas condiciones, los electrones y otras partículas mostraban un carácter ondulatorio, pero bajo otras condiciones, las mismas partículas se comportaban de forma muy distinta. Esta dualidad, fue la que hizo necesario replantearse nuestra visión de la física, en conceptos tales como la trayectoria, que al ser imposible determinar la posición y el momento de una partícula, era imposible someterla a un concepto como la trayectoria. En la mecánica quántica, pero, el movimiento de una partícula queda determinado por una función matemática que asigna, a cada punto del espacio y del tiempo, una probabilidad determinada de que se halle tal o cual posición. A partir de esa función (la “función de ondas”) pueden extraerse todas las magnitudes del movimiento necesarias…
Pero donde está el gato os preguntareis…
La paradoja del gato de Schrödinger hace referencia a un problema mental plantado por Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger (Nobel de física el 1933 por el desarrollo de la ecuación que lleva su nombre), y el gato, se encuentra dentro de una caja opaca y cerrada. En esta caja, el gato no está solo, pues le acompaña un sistema curioso, un frasco de veneno, que se rompe en el caso de que un mecanismo suelte un martillo, el mecanismo en cuestión es un detector de partículas alfa, que soltará el martillo si detecta una de ellas, y para hacerlo todo un poco más interesante, al lado de este detector, hay un átomo reactivo especial, con una posibilidad del 50% de soltar susodicha partícula, es decir, si se emite la partícula el gato muere… si no… vive, para saber si el gato está vivo o muerto, no nos queda más remedio que abrir la caja ¿sencillo? Eso parece…
Pero la física quántica siempre hace de las suyas, y puede convertir un macabro experimento en una paradoja quántica, si analizamos el experimento desde el punto de vista de la quántica, el gato es descrito por una compleja función de onda, que da la superposición de dos estados combinados, el de gato vivo, y el de gato muerto, ocurre lo mismo l concepto de trayectoria, el estado del gato ha dejado de ser algo concreto para transformarse en una probabilidad, por lo tanto, si abrimos la caja para comprobar el estado de salud del felino, alteramos dicha función, decantándola hacía uno de los dos estados posibles… Por supuesto, en este tipo de ejercicio mental el observador es cualquier dispositivo (humano o máquina) que pueda mirar el interior de la caja. Aunque la existencia del gato vivomuerto es un atentado contra el sentido común, la ciencia quántica nos garantiza que así es.
¿Conclusiones?
Para comprender el misterio del gato de Schrödinger, o como mejor se le conoce “La paradoja del gato de Schrödinger” planteada el 1937 por Erwin Schrödinger, necesitamos entender así de manera rápida (es decir poco profunda y no muy profesional) la mecáica cuántica.
La mecánica cuántica (o mecánica ondulatoria) es una de las principales ramas de la física que intenta explicar el comportamiento de la materia. Su campo de aplicación es, básicamente, el mundo de lo más pequeño, y rompe radicalmente todas las reglas de la llamada física clásica, por lo que suele desafiar el sentido común. Una de golpes más duros que proporciona la mecánica cuántica a nuestra concepción “clásica” del mundo se debe a la dualidad onda-partícula. La dualidad quántica, expresada de manera sencilla, reside en el hecho de que unos científicos notaron hará unos 100 años, que bajo ciertas condiciones, los electrones y otras partículas mostraban un carácter ondulatorio, pero bajo otras condiciones, las mismas partículas se comportaban de forma muy distinta. Esta dualidad, fue la que hizo necesario replantearse nuestra visión de la física, en conceptos tales como la trayectoria, que al ser imposible determinar la posición y el momento de una partícula, era imposible someterla a un concepto como la trayectoria. En la mecánica quántica, pero, el movimiento de una partícula queda determinado por una función matemática que asigna, a cada punto del espacio y del tiempo, una probabilidad determinada de que se halle tal o cual posición. A partir de esa función (la “función de ondas”) pueden extraerse todas las magnitudes del movimiento necesarias…
Pero donde está el gato os preguntareis…
La paradoja del gato de Schrödinger hace referencia a un problema mental plantado por Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger (Nobel de física el 1933 por el desarrollo de la ecuación que lleva su nombre), y el gato, se encuentra dentro de una caja opaca y cerrada. En esta caja, el gato no está solo, pues le acompaña un sistema curioso, un frasco de veneno, que se rompe en el caso de que un mecanismo suelte un martillo, el mecanismo en cuestión es un detector de partículas alfa, que soltará el martillo si detecta una de ellas, y para hacerlo todo un poco más interesante, al lado de este detector, hay un átomo reactivo especial, con una posibilidad del 50% de soltar susodicha partícula, es decir, si se emite la partícula el gato muere… si no… vive, para saber si el gato está vivo o muerto, no nos queda más remedio que abrir la caja ¿sencillo? Eso parece…
Pero la física quántica siempre hace de las suyas, y puede convertir un macabro experimento en una paradoja quántica, si analizamos el experimento desde el punto de vista de la quántica, el gato es descrito por una compleja función de onda, que da la superposición de dos estados combinados, el de gato vivo, y el de gato muerto, ocurre lo mismo l concepto de trayectoria, el estado del gato ha dejado de ser algo concreto para transformarse en una probabilidad, por lo tanto, si abrimos la caja para comprobar el estado de salud del felino, alteramos dicha función, decantándola hacía uno de los dos estados posibles… Por supuesto, en este tipo de ejercicio mental el observador es cualquier dispositivo (humano o máquina) que pueda mirar el interior de la caja. Aunque la existencia del gato vivomuerto es un atentado contra el sentido común, la ciencia quántica nos garantiza que así es.
¿Conclusiones?
